Una laberíntica ciudad
Por Ittaka
Moscú es la capital de Rusia y la ciudad más grande y más visitada de todo el país. Se caracteriza por su diferencia de temperatura de invierno a verano. Con la nieve cubriendo el suelo de Noviembre a Marzo, las temperaturas pueden llegar hasta los -15ºC y con pocas horas de sol diurno. Los meses de verano, Julio y Agosto, son los elegidos por los turistas por ser los más calurosos pero a la vez los más húmedos. Suelen haber chubascos uno de cada tres días.
Para desplazarse por la ciudad, el metro moscovita es barato, muy utilizado, y sobre todo imponente: estaciones con mármoles, con mosaicos, molduras, columnas. Y es así como empieza mi visita turística por sus calles:
Llego a la Plaza Roja, un inmenso espacio: las grandes murallas de ladrillo del Kremlin, el mausoleo de Lenin, San Basilio (por dentro, un laberinto, como Rusia), y los almacenes GUM, enormes y de una suntuosidad apabullante. Y allí me quedo un buen rato mirando San Basilio, con sus cúpulas de colores.
Dentro del Kremlin hay una plaza con varias iglesias. La catedral de la Asunción es una belleza. Su interior, como la del Arcángel San Miguel, está cubierto de frescos medievales. Es un exceso, pero un exceso hermoso. El Museo de la Armería, con sus carruajes, sus objetos de lujo, los vestidos de los popes, los tronos de los zares y sus coronas, sirve para recordar que en Rusia se mezclan Asia y Europa.
Salgo del Kremlin y no resisto la morbosa tentación de ver la momia de Lenin. No se sabe qué va a ser de ella. Él quería ser enterrado junto a su madre. Un millonario tejano ha hecho una buena oferta para quedársela. Ahí sigue, mientras se discute su futuro, en penumbra, pequeñito, como si hubiera encogido por el frío.
Después de la caminata, hay que recargar fuerzas, así que busco un restaurante típico para degustar la gastronomía local.
Los platos de la cocina típica rusa son muy ricos, pero también tienen bastantes calorías, porque en invierno se necesita más energía (por eso, las sopas son muy populares). Un buen lugar para degustar autentica comida rusa en Moscú, es el Café Pushkin. La casa de tres plantas, imita un boticario del siglo XVIII. Es un buen lugar para probar la Borsch, la típica sopa de remolacha, con manzana y leche agria.
Hay que saber que la bebida tradicional que más se toma en Rusia no es el vodka sino el té, que se toma a cualquier hora del día: en casa, en el trabajo, con los invitados y después de una comida o cena. Suele ser té negro con azúcar y a menudo con limón, pero sin leche y siempre caliente.
En Moscú la venta del caviar es ilegal. Su precio se ha disparado por las mafias que lo controlan, y el poco que llega al mercado negro puede estar en mal estado. Ahora se encuentra el caviar rojo (para los puristas no es caviar), de salmón, excelente, permitido y mucho más asequible. Se puede comprar en el espectacular supermercado llamado Eliseyevski, donde se aprecian los productos entre columnas, molduras y maderas, y bajo techos vertiginosamente altos.
Y no debes olvidarte comprar el principal suvenir ruso, las magnificas Muñecas Rusas o Matrioska, cuya originalidad consiste en que son huecas y en su interior albergan una nueva muñeca, y otra, y otra, y otra…












